Author: ElHijoDeLaura

  • Día 9 – Kioto

    Sábado 20 de Diciembre

    Hoy tocaba ir a uno de los sitios de los que más tenía expectativa: El Templo de los mil Toriis. Como siempre, mis expectativas fueron superadas, por mucho.

    El hotel estaba a unos 30 minutos del templo a pie, y a unos 20 minutos en bus, así que decidimos caminar. Nos abastecimos de sanduches, onigiris, café y dulces en el combini, los guardamos en el bolso y a caminar. Al llegar al templo comenzamos a ascender por unas escaleras entre el túnel de arcos rojos.

    El nombre sel templo es Fushimi Inari Taisha. Aunque le dicen el templo de los mil toriis, realmente tiene mas de 10.000 arcos rojos, todos donados por patrocinantes desde el año de su fundación cerca de 965. La entrada principal tiene de 800 a 1000 toriis, pero todo el complejo de templos que se distribuyen a lo largo de la montaña son unos 10.000.

    La montaña es pequeña de menos de 230 metros de altura, el recorrido nos tomó un par de horas más o menos, nada muy exigente, pero la sensación de estar en una montaña como esa, rodeado de decenas de templos, y miles de arcos rojos, que te recuerdan, a cada segundo, que estás en un lugar sagrado, es muy intensa.

    A Sonia y a mi, como a muchos montañistas, nos parece que cuando uno va a una montaña cualquiera, es como entrar en un templo, en un sitio sagrado. Acá en el Senbom Torii, esa sensación es casi pornográfica, monstruosa, acogedora, inevitable.

    Llegamos a la cima luego de poco mas de una hora, hicimos las reverencias del caso en el altar de la cima. Al comenzar el descenso recordé que tenía la plaquita de nuestra gatica: Misa, que murió el día de Navidad, hace dos años y estábamos en una zona llena de estatuas de zorros que parecía un cementerio, y se me ocurrió que podíamos dejar su plaquita alli. Pensaba dejarla algún día en el Chirripó, pero definitivamente este era el lugar perfecto para ella. Le comenté al grupo, les pareció buena idea, y Javi dejó la plaquita debajo de una estatua en el puesto numero 23, que fué el año en que murió Misa.

    Descendimos por el otro lado de la ruta circular que terminar en el templo principal de la entrada. Hay goshuins, restaurancitos, baños, altares, miles de estatuas, imágenes… y gatos. Al final de esta ultima ruta vimos un refugio de gatos, con comida (bonito, anchoas y comida de pescado), alimentan muy bien a los mininos, uno muy gordito se nos acercó… a comer.

    Ya llegando al templo principal nos sentamos en una zona destinada a descansar y comer, comimos todo lo que trajimos en el bolso. Sonia se tomó un té verde con leche (el mejor té de Matcha que he probado en mi vida). Preciosa, hermosa, se veía sentada en el tatami tomando té. Tenía los ojos puyúos.

    En ese momento me dió la impresión de estar de nuevo en el Avila, en Caracas…

    Hermoso lugar, hermosa montaña, hermoso lugar sagrado.

    Despues caminamos hacia el barrio Gion, conocido como la calle de las geishas. Es famoso por las fotos del pueblito con vista a la pagoda de Ninenzaka. Llegamos primero a la pagoda. Pagamos una entrada, firmamos los goshuins y luego entramos a la estructura de la pagoda por dentro subiendo unas escaleras de madera con barandas de hierro bastante empinadas.

    Salimos de nuevo a caminar por las calles de Gion, había bastante gente, turistas casi todos. Me comí un par de pepinos, son riquisimos, salados y con un toque de limon. Me comi un helado de Matcha mientras Javi compraba algunas cadenas. Vimos muchas geishas, pero todas mexicanas, peruanas o gringas… Geisha Maria, Geisha Juana y Geisha Britney… pero ninguna geisha auténtica. Luego caminamos hacia el mayor templo budista de Kyoto: el Kiyomizudera.

    Este “templo” al igual que el Senbom Tori y el Itsukushima no es “un” templo, es un complejo de templos que mas bien asemejan una pequeña ciudad sagrada. Es precioso, en las laderas de una montaña con vistas a la ciudad a los lados de un risco. La estructura de los templos esta montada sobre enormes estructuras de madera entrelazadas como legos, aparentemente sin pegamento ni clavos, sostenidas solo por gravedad.

    Firmamos los sellos, hicimos las reverencias y regresamos al hotel.

    En la noche fuimos a comer al Aeon Mall, en una feria de comida. Los chicos comieron en Subway, y Sonia y yo en una franquicia de Ramen llamada Tetsu.

    El ramen ha sido de los mejores del viaje. Un ramen de cerdo servidos con fideos tipo Udon y bambú. El caldo lo sirven por aparte con un Naruto y opcionalmente puedes servirte caldo de bonito en un vaso para acompañar el caldo o fideos, muy rico.

    Ya después de 9 días pateando calles el cansancio me esta empezando a pegar. He pasado de estar cansado a estar super requete mega cansado. El contador de pasos de mi reloj ha ido incrementandose desde 17.000 pasos los primeros dias hasta 27.000 pasos el dia de hoy. Japon no es para los débiles definitivamente.

    Para mañana el plan es mas tranqui. Sonia y yo iremos al castillo de oro, luego a un jardin zen y en la tarde iremos todos al bosque de Bambúes.

  • Día 8 – Osaka

    Viernes 19 de Diciembre

    Nos dividimos en la mañana… Aron y Susan fueron de paseo por Osaka a ver tiendas. Javier, Sonia y yo nos fuimos a recorrer un par de templos.

    El primero era un templo sintoista dedicado a Okuninushi. El dios de las tierras, lo curioso de este templo era que estaba custodiado por ratones, y no por leones ni zorros. La mitología cuenta que los ratones ayudaron al dios a salvarse de una prueba de fuego que le puso su suegro en un campo incendiado. Okuninushi estaba rodeado de fuego, y los ratones le dijeron: abajo es angosto, arriba es ancho. Entonces abrió un hueco en la tierra y espero a salvo que el fuego se consumiera. Por eso los ratones custodian su templo. Hicimos las reverencias, firmamos los libros de sellos y seguimos hacia otro templo aleatorio que busqué en Google.

    Era un templo budista dedicado a una manifestación del Buda de la Compasión: Cundi Kannon. Conocida como la madre de todos los Budas. Los goshuins de este templo eran muy bonitos, compré uno firmado a mano y otro de dos páginas estilo estampilla.

    Luego quedamos en vernos con Aron debajo del famoso aviso publicitario de Glico en Osaka (el corredor). Javi se fué con Aron y Susan a comer hamburguesas. Nosotros fuimos a comer Takoyakis y una cerveza, y luego un ramen de cerdo.

    La verdad hasta este punto no he tenido demasiada suerte con los ramen, han sido buenos, ricos, pero no de los mejores que he probado. Quizás es porque me estoy concentrando en cantidad y bajo precio, más que en calidad.

    Sin embargo los Takoyakis a la orilla del rio de Osaka, con una buena cerveza fría en compañía de mi esposita salvaron el almuerzo.

    Luego nos reencontramos todo el grupo, tomamos el tren regular de la linea de JR hasta Kioto y llegamos luego de tomar un par de trenes en aproximadamente una hora. Muertos… a dormir, porque al día siguiente nos espera la caminata hacia la montaña y el templo de los mil toris.

    Este viaje a diferencia de otros no hemos estado todos amuñuñados siempre unos encima de otros, hemos estado en habitaciones separadas, a veces tomamos caminos diferentes, a veces todos, a veces 3 y 2, Javier se turna entre su hermano y nosotros, y creo que esa dinámica ha funcionado mejor para que cada uno tenga, un poco, su propio espacio.

  • Día 7 – Universal Studios

    Jueves 18 de Diciembre

    Habíamos comprado la entrada estándar para visitar el parque de Universal en Osaka, sin ningún pase especial. Así que tuvimos que pararnos muy temprano para llegar cerca de las 7 a la fila del parque. Llegamos a las 7:11 y ya había una fila de gente considerable, yo calculé entre 5 y 10 mil personas. Esperamos una hora y media hasta que abrieron y salimos corriendo hacia el Nintendo World que era el objetivo principal de la visita.

    Llegamos de una, pudimos entrar afortunadamente. Luego de cierta hora es imposible sin pase especial (mucho mas caro). Los chicos ingresaron de una vez a la atracción de Mario Kart, me quedé atrás con Susan en la fila y no tenía idea de con qué nos íbamos a encontrar. Yo soy super mareón, y sufro de vértigo, así que pensé que iba a morir. Pero no. La atracción fué espectacular, es como estar literalmente en un juego de Mario Kart, pero en el mundo real, estás con cuatro personas dentro de un carro con unos lentes de realidad aumentada y apuntas a cuanta cosa se te aparece y le disparas ganando puntos. Fue una experiencia impresionante, incluso para mi que nunca fui fan de la Nintendo, y en general de casi ningún video juego, aunque si los jugué mucho con los chicos, sobre todo con Aron.

    Luego fuimos a la cola de Donkey Kong, la chica anunciaba 190 minutos… pensé que era un error y no… si eran casi 3 horas de fila… WTF!, pero en fín, a la final fueron dos horas y media y la atracción es muy buena, fue una montaña rusa “family friendly”. Sobreviví.

    Fuimos a comer, una verdadera caca la comida la verdad. Muy olvidable, unos burritos con papas horribles. Caro y malo… creo que luego vimos mejores opciones de comida, pero en fin… ya el mal estaba hecho en nuestra panza.

    Los chicos se fueron a Jurassic Park, mientras mi esposita y yo nos fuimos a comer algunos dulces y té. Me comí un churro de chocolate espectacular.

    La siguiente atracción fué Harry Potter, fuimos todos. La recreación de Hogwarts es impecable, perfecta. Entramos a un castillo sin saber muy bien con que nos íbamos a encontrar, aunque la atracción era de las mejores rankeadas. Luego de más o menos una hora ingresamos a un carrito de 4 pasajeros y nos metimos en un mundo demasiado realista, mezclado entre pantallas digitales animadas y recreaciones reales de dragones, dementores, arañas, cuevas, volcanes y demás. Fue demasiado impresionante, te sentías literalmente jugando al Quidditch con Harry. Brutal.

    Sonia salió impresionada aunque muy mareada y con ganas de vomitar. Queríamos ir a un cine 4D, relajado, sin mucha adrenalina. Era una obra de detectives, en la zona de Hollywood. Los efectos 3D estuvieron espectaculares, pero como todo estaba en japonés creo que nos perdimos la mitad del show. No fue de los mejores del día. Aunque sirvió para que Sonia recuperara un poco su cabeza.

    Luego Aron quizo repetir con nosotros Jurassic Park, y la verdad los animatrónicos de los dinosaurios y la experiencia tipo “splash” es muy buena. No tanto como la de Harry Potter, pero muy buena.

    Ya era de noche, iban a cerrar el parque y fuimos a ver una atracción recién estrenada de Spy Family mientras Javi fue a la montaña rusa de Hollywood Dream.

    La de SPY Family era muy reciente, así que no teníamos nada de información de que íbamos a ver. Terminamos montados en una montaña rusa, en un carrito de cuatro personas, con lentes de realidad virtual. La experiencia fue demasiado buena, la animación cubría todo el espacio. Estabas en un autobus escolar descontrolado con Anya y su perro, mientras sus papas adoptivos (el detective secreto y la asesina) trataban de rescatarla. La experiencia fué de las mejores para mi. Curiosamente no me mareé, y eso que a mi las atracciones mas tontas y las alturas medianas me dan vértigo.

    Sonia si salió muy mal, aunque impresionada, con muchas naúseas… le tomó de nuevo un par de horas recuperarse.

    Nos despedimos del parque entre drones que hacían figuras en el cielo y jóvenes tiktokers que grababan en una de las calles de la zona de Hollywood.

    Estábamos muertos de hambre, así que nos fuimos a Dotombori en Osaka a comer en uno de los lugares de ramen mas recomendados de la zona. Era un cuchitril, chiquito, callejero donde sólo vendían dos tipos de ramen: “Ramen” como tal a 800 yenes… y “Chashu Ramen” a 1100 yenes.

    Pedimos 3 ramens de Chashu (cerdo) para Javier, Aron y yo. Luego de quizás media hora de fila nos sentamos en unas mesitas en la calle, cagándonos de frío, a comer. Estaba muy sencillo el ramen, pero extremadamente bueno. Esa comida caliente, con esa cantidad de grasa, a esa hora, con ese clima es algo que el cuerpo agradece muchísimo.

    Luego fuimos a comer algo que parece que era muy famoso, porque todo el mundo andaba grabando videos mientras el man preparaba una especie de pankaces con forma de monedas, rellenos de queso, mucho queso. Muy rico la verdad.

    Caminamos de vuelta al hotel, llegamos casi a la medianoche muertos, pero felices de haber vivido un día memorable.

    El Universal Studios japonés es mi primera experiencia en un parque de atracciones fuera de Venezuela y de Costa Rica, nunca he ido a Orlando ni a otros parques primer mundistas, así que no puedo decir si este es mejor o no que otros, pero la experiencia fue simplemente brutal.

    Mientras estábamos en el parque, en la zona de Hollywood, nos impresionó lo bien que lucía USA en este lugar. Evidentemente es un parque temático, obviamente todo está hecho para que luzca perfecto. Pero en general, reflexionábamos lo bien que luce Japón hoy en día y lo mal que luce Estados Unidos. Sobre todo habiendo visitado recientemente Los Angeles que es un nido de yonkies, homeless y gente muy mal de la cabeza, con muchos problemas psicológicos, parece una tierra de zombies. Y después de visitar Hiroshima y ver lo hermosa, sana y acogedora que es la ciudad, pareciera que la bomba atómica la hubieran lanzado en California y no en Japón.

    No sé si el karma de los pueblos existe, pero si existe, Japón y Estados Unidos son la prueba viva de las consecuencias de las acciones de los países.

  • Día 6 – Isla de Miyajima

    Miércoles, 17 de Diciembre

    Salimos temprano en la mañana desde el hotel ubicado al lado del parque de La Paz hacia la isla de Miyajima, donde esta el famoso gran Tori (arco rojo). Había leído que era uno de los templos mas bonitos de Japón, así que tenía muchas expectativas. La verdad mi expectativas fueron superadas y por mucho.

    Nos tomó un par de horas ubicarnos y tomar el bus, el tren y luego el barco público de la línea de trenes de la JR (Japan Railways).

    A los pocos minutos de tomar el barco ya se veía el Tori sobre el mar. Al llegar a la costa de la isla nos recibieron algunos venados que parecen gatos, están super acostumbrados a las personas y uno de ellos incluso estaba parado al frente de una tienda de comida esperando que abrieran.

    Caminamos cerca de la orilla de la playa hasta el Tori. El paseo es precioso. Las columnas con leones de piedra protegiendo el camino, la arena clara, la brisa marina con olor a sal y pescado, arboles contorneándose entre las columnas, la vista al impresionante arco rojo. Comenzamos a divisar el templo. Aún no habíamos entrado y ya estaba completamente enamorado de ese lugar.

    Ingresamos al templo de Itsukushima, dedicado al dios de los mares y sus tres hijas. El gran tori esta en el mar porque toda la isla de Miyajima es considerada un lugar sagrado.

    La estructura del templo es un laberinto de pasillos rojos de madera sobre casas que parecían palafitos sobre el mar, pero en vez de indios estaban llenas de monjes tocando taikos (tambores japoneses), cantando, rezando, postrándose, trabajando, haciendo reverencias, hogueras. Un templo realmente vivo.

    Presentamos nuestros respetos lo mejor que pudimos, fuimos a que nos sellaran los libros de goshuins. Incluso los chicos que no son religiosos, ni de visitar templos, parecían estar disfrutando el lugar. Mi esposita decía que no solo era el templo mas bonito que había visitado, sino que simplemente era el lugar mas lindo que había visto en su vida.

    Salimos del templo principal, subimos unas escaleras hacia una pequeña pagoda en la montaña y seguimos caminando entre arboles que todavía tenían tonos otoñales, hasta que llegamos hacia el templo vecino llamado Daisho-in.

    A diferencia del santuario de Itsukichima, que es sintoista, el Daisho-in es budista. Incluye un montón de deidades y maestros. Reconocí a la diosa Kanon, la version japonesa de Avalokiteshvara (diosa de la compasion). Hay una seccion dedicada al Tibet (un mandala y un altar al Dalai Lama), y muchos otros budas y deidades.

    Nos firmaron los libros de sellos y al terminar mi esposa me estaba esperando para mostrarme una especie de entrada a un sótano del templo, con unas escaleras que conducían a un pasillo oscuro, ingresamos con Javier, nuestro hijo menor, y la oscuridad era absoluta en un pasillo donde cabías de pie, pero tenias que ir tanteando con las manos para no tropezar las paredes. A lo largo del camino, con varias curvas, se observaban figuras de budas pintadas en vidrios cuadrados iluminados con una luz tenue. No entendíamos el significado de los budas, pero la sensación era muy clara, estabamos pasando por un bardo, el paso de la muerte. Javier se asustó y Sonia alucinó un monton de experiencias. Al final, luego de pocos minutos, salimos del otro lado del templo. Fue una experiencia mágica.

    Luego descendimos de nuevo hacia la costa por unas escaleras que tenian rodillos de oración para hacer buenos deseos… Aron los bajó con la actitud de todos, pasándoles la mano para hacerlos girar, mientras repetía como un mantra: “plata, plata, plata, plata…” Al menos entendió muy bien en que consisten los buenos deseos 😂

    Los templos de Miyajima realmente son una especie de Disneylandia del Budismo. Creo que cualquier persona lo puede disfrutar sea religioso o no.

    Luego fuimos a comer Ramen de cerdo acompañado de arroz y anguila en un restaurante cerca de los templos y seguimos caminado hacia la estación del ferry tomando tecitos y comiendo dulces. De postre me comi un pan con crema dulce de caraotas y margarina, muy grasoso y calórico. Bueno para el frío y aumentar la panza.

    Regresamos al hotel, recogimos las maletas, nos fuimos a la estación de Hiroshima a tomar el tren bala a Osaka y nos despedimos, ojalá hasta pronto, de esta hermosa ciudad.

  • Dia 5 – Hiroshima

    Martes, 16 de Diciembre

    Salimos muy temprano a tomar el tren bala que salía a las 10:12 am, y llegamos con casi dos horas de anticipación. Tenía algo de preocupación porque la estación de trenes de Tokio es gigantezca y nunca había tomado el Shinkansen, pero la verdad el proceso fué super rápido y sencillo, ya teníamos ubicado el anden y el tren casi una hora y media antes de su salida. Así que nos sentamos un buen rato en la sala de espera, compramos el almuerzo en las tiendas de la estación con calma y unos 15 minutos antes de la salida nos pusimos, casi de primeros en la fila para abordar el tren.

    Nos distribuimos los puestos peleándonos las ventanas para tratar de ver el Fuji en el camino, pero a pesar de que había buen clima, resultó que nunca lo vimos…

    Luego de 4 horas de viaje llegamos a Hiroshima, hicimos el checkin en el hotel que estaba justo al lado del monumento a la paz. Eran las 3 de la tarde así que fuimos de una al museo de la paz, porque cerraba a las 5. Recorrimos casi todo el museo en silencio, con una penumbra en el espíritu. Pasar por ese museo es vivir un poquito lo mucho que sufrió Hiroshima con ese bombazo de 4.000 grados centígrados que destruyó toda la ciudad y aniquiló a miles en segundos y mató a unos 140,000 a largo plazo. Horroroso realmente.

    Luego caminamos por la llama de la paz, fuimos hasta el domo que quedó de pié luego del bombazo y caminamos hacia el hipocentro donde explotó la bomba (es hipocentro, y no epicentro, porque explotó en el aire a unos 600 mts de altura). Esto es un detalle técnico y espantoso, la bomba explotó a esa altura específicamente primero para maximizar la onda de calor expansiva, y segundo para minimizar la radiación posterior en tierra y permitir a las tropas estadounidenses entrar más rápido al terreno.

    Unos verdaderos hijos de puta, si me preguntan.

    Luego de ese shock, fuimos a pasear a una galería de tiendas, nos comimos unos Taiyakis y helados de Matcha. Pasamos por una tienda de mascotas donde vendían gatos y perros por mas de 1500$, una locura, pero me enamoré de un par de gatos grises, me los hubiera comprado si tuviera el dinero y si pudiera llevarmelos a casa… compré unos stickers. Y quizás Bush tenía razón cuando le pidió a la gente que saliera a comprar luego del 9/11… el espíritu consumista hizo que el alma nos volviera al cuerpo.

    Después fuimos a un restaurante mexicano, si, mexicano, al cual estaba reacio a ir, pero la verdad fue una experiencia muy bonita, un lugar muy acojedor, con música country. Los mejores tacos que he probado realmente. Solo me comí un taco porque no quería llenarme mucho.

    Luego fuimos a comer ramen en un restaurancito muy chiquito al lado del hotel. Era un restaurante de ramen muy tradicional, atendido por una anciana que solo servía un tipo de ramen y bolas de arroz, hermoso.

    La ciudad de Hiroshima es hermosa, es muy impresionante ver como pudieron armar una ciudad tan linda y acogedora después de esa tragedia.

    Larga vida a Hiroshima.