Author: ElHijoDeLaura

  • Día 14 – De compras en Tokio

    Jueves 25 de Diciembre

    Este dia salimos solos Sonia y yo de compras, Aron estaba comprando por su lado con Susan y Javier se quedó en la habitación descansando.

    Fuimos a la zona de Harajuku, cerca de Shibuya, y antes de ir a las tiendas reconocí la entrada del templo Meiji Jingu, que es un templo dedicado a un emperador y su esposa, es enorme, con un parque y arcos gigantes. Así que entramos antes de ir de compras. Ofrendas, goshuins, y continuamos.

    Las tiendas son espectaculares, de hecho creo que fuimos a la zona donde las chicas de Nemophila hacen sus compras, porque reconocí mucha de la ropa que ellas usan o han mostrado en redes sociales. Es una zona muy pipi, algo cara, así que solo compré una camisa hawaiiana y unas cholas tabis (estilo japones).

    Cuando iba hacia la tienda Graniph, vi un carrito que vendía perro calientes de Langosta, le dije a Sonia que tenía que probar esa vaina. Sólo compramos uno y lo compartimos, es la vaina mas sifrina que he hecho en toda mi puta vida: comerme un perro de langosta en el corazón de Tokio, en Shibuya. 18$ cuesta el perrito. Muy rico, el pan sabe a mantequilla y la langosta está aliñada con mayonesa japonesa un poco dulce. Buenísimo.

  • Día 13 – Navidad en Tokio

    Miércoles 24 de Diciembre

    Este día fuimos a comer en el Shabu-Shabu que queda cerca del hotel. El Shabu-Shabu es una versión japonesa del Hot Pot chino. En este caso era “All You Can Eat”, habíamos tratado de ir el primer día, pero como era fin de semana estaba todo agotado, en cambio en Navidad, como era miércoles, es un día normal y corriente, así que había campo, con unas pocas personas adelante, con menú ejecutivo, unos 2000 yenes, todo lo que puedas comer de carne, cerdo y pollo, además del salad bar por 80 minutos. Fué de las mejores comidas del viaje. Casi todos comimos hasta hartarnos, incluyendo postre. Excepto Aron que le faltó algo de tiempo.

    Después fuimos camino a la isla de Odaiba de nuevo para esperar el espectáculo de fuegos artificiales a las 7 de la noche. A esa hora estábamos al frente del puente arco-iris, veíamos que algunos botes estaban alineados justo al frente de nosotros, y todos miraban hacia Tokio, así que imaginamos que estábamos en buen puesto. La vista fue espectacular, y el show impresionante, además de extremadamente puntual, empezó a las 7 en punto y duró exactamente 5 minutos. Comenzó a llover un poco así que caminamos de nuevo al centro comercial para tomar algo caliente y descansar un poco.

    Nuestro plan, como dicta la tradición japonesa, era comer pollo frito en KFC en navidad, pero llegamos a un KFC a las 9 pm, cerraba a las 9:30 y la cola era demasiado grande, estaba colapsado. Así que no pudimos cenar en KFC.

    Fuimos luego caminando hacia el templo de Senso-ji de nuevo, porque quería que lo vieran de noche, además que estaba cerca del Skytree, la torre mas alta del mundo, que Javier la quería visitar.

    Se nos hizo tarde caminando, así que compramos cena en el combini como siempre y a dormir.

  • Día 12 – Tokio – Odaiba

    Martes 23 de Diciembre

    Por suerte Javier amaneció un poco mejor, aunque no al 100%. Hoy tocaba ir a teamLabs Planets en Odaiba. Salimos en metro y tren hacia Toyosu, uno de los distritos de las islas artificiales del complejo de Odaiba al frente de la bahía de Tokio.

    Llegamos, comimos algo de lo que habíamos comprado en el combini. Ingresamos a eso de las 2 de la tarde, era 3 exhibiciones principales: Agua, Jardín y Bosque.

    Entramos primero a la de agua, dejamos los bolsos y los zapatos en unos lockers. Ingresamos con los pantalones arremangados y empezamos a subir a través de un pequeño río de agua con mucho cloro… después ingresamos a un salon con unos cojines gigantes donde hundías todos los pies. No nos pareció nada artístico, era todo medio WTF. Creemos que era un lavapies inicial.

    Después ingresamos a un salón de columnas de luces infinitas y luego a una especie de piscina donde el agua te llegaba casi a las rodillas, tenía aspecto lechoso y estaban reflejados cientos de kois de luces, ahora si empezaba a ponerse bueno el asunto. Terminamos la sección de agua en un salón de bolas gigantes. Susan se nos perdió… al rato nos conseguimos con ella afuera.

    Nos pusimos los zapatos y fuimos al jardín, que literalmente era un jardín con miles de orquídeas de verdad flotando y moviéndose con una maquinaria desde el techo formando una especie de laberinto cambiante. El aroma y la vista infinita de flores con espejos era muy agradable.

    Al final terminamos en el bosque donde instalabas una app y podías interactuar con un bosque 3D de animales extintos proyectado en paredes y pisos. Podías capturalos, ver su información y luego liberarlos. Después entramos a varias secciones interactivas de brincos de lagos de luces, bolas y escaleras colgantes.

    Después de un par de horas salimos, Javier mas recuperado terminó de comer algo y fuimos en el tren aéreo hacia la isla de Odaiba como tal.

    Hicimos un cambio de tren enfrente del reloj de Miyazaki, hicimos una breve parada y seguimos hacia Odaiba.

    Llegamos a la estatua de la libertad. Caminamos hacia la playa, pero después, por el frío, nos metimos en uno de los centros comerciales y caminamos luego por el boulevard hacia el Gundam gigante. Entramos al tercer centro comercial y comimos algo. Estuve tentado a comerme una hamburguesa en Carl’s Junior, ya me estoy saturando de arroz y pescado, pero una franquicia de Ramen me salvó de cometer esa atrocidad.

    Hicimos una breve reunión todo el grupo para decidir lo que íbamos a hacer en la última semana en Tokio, cada uno puso sus “Must-see” y acordamos una planificación preliminar: Fuji, Cat cafés, compras, street-carts, y demás…

    Salimos caminando por Odaiba de noche, ya Javi me estaba chalequeando por las Idols, lo cual era síntoma de que se sentía mejor. Tomamos de nuevo el tren aéreo y fuimos hacia la torre de Tokio, que ese día estaba iluminada como un árbol de navidad. Llegamos hasta la pata de la torre, tomamos algunas fotos y regresamos al hotel.

    En Japón, aunque no celebran la navidad – es un día laboral cualquiera – se nota el espíritu navideño, en todas las tiendas escuchas cancioncitas de navidad (gingle bells en todas partes), arbolitos de navidad y luces en todos lados… Yo no soy muy navideñero, pero aquí es quizás un poco más sútil y no me despierta tanto el Grinch que hay dentro de mi.

    Feliz Navidad!

    メリークリスマス

    Merikurisumasu!

  • Día 11 – Kioto – Tokio

    Lunes 22 de Diciembre

    Ya era momento de despedirnos de Kioto. Este día Javi amaneció con mucha gripe, así que salí a una farmacia a buscar un antigripal. Se tomó las pastillas, casi no quiso comer, así que se quedó en el lobby del hotel descansando con Sonia después que hicimos el checkout.

    Mientras tanto aproveché de ir a un par de templos cerca del hotel… uno dedicado a las personas perdidas, otro a los negocios de cereales y un tercero cerrado. Cerca de las doce regresé al hotel, fuimos a comer de nuevo al centro comercial donde estaba la franquicia de ramen Tetsu y Subway. Javier, Sonia y yo comimos el ramen de Tetsu, esta vez si con el caldito de bonito desde el inicio.

    Fuimos de nuevo al hotel, buscamos las maletas y tomamos el tren bala de regreso a Tokio. Llegamos al hotel y Javi todavía se sentía un poco mal, así que nos tocó descansar.

    Mañana será otro día… el plan es descansar en la mañana y en la tarde ir a la exhibición de Team Labs en Odaiba…

    Amanecerá y veremos.

  • Día 10 – Kioto

    Domingo 21 de Diciembre

    En teoría este día iba a ser “tranqui”… salí en la mañana con Sonia hacia el castillo dorado (Kinkakuyi), es un hermoso palacio Zen construido como lugar de descanso para un shogun en 1397. Las dos plantas superiores están cubiertas de oro (literalmente).

    Llegamos muy temprano, como a las 8 y el castillo abría a las 9. Estuvimos caminando el pueblo, pero no conseguimos nada abierto. Sólo un Mc Donalds en el que nos metimos a tomar café y comer algunos dulces (bastante espantoso todo la verdad debo decir… no sé como hace Mc Donalds para ser tan horroroso en todo el mundo).

    A las 9 ya estábamos en el castillo, ayudamos a dos mexicanos que estaban todos perdidos sin yenes, les cambiamos 20$ en yenes. Hicimos las reverencias, tomamos fotos, firmamos los goshuins y en un tiempo que se me hizo super corto ya estábamos fuera del castillo.

    Estaba lloviendo un poco, con frío, así que nos tomamos un matcha caliente con mochi de matcha y frijoles y caminamos hacia el templo de Daitokuji buscando un jardín zen.

    Al llegar al templo, hicimos las reverencias, firmamos el libro de sellos y empezamos a buscar el jardín zen que había visto en fotos… no estaba allí, la chica de la tienda de goshuins me indicó que era hacia otro camino, seguimos el camino y terminamos metidos en una especia de urbanización zen, donde todas las estructuras tenían formas de templos tradicionales con enormes jardínes… una de esas tantas casas era la que tenía el jardín zen que estaba buscando (el Daitoku-ji Zuiho-in). Entramos, pagamos unos 400 yenes de entrada… era una casa sencilla, pequeña pero con un hermoso jardín que la rodeaba. Tomé varias fotos mientras Sonia meditaba en el jardín.

    Los chicos se habían quedado en el hotel, así que regresamos, fuimos a comer por separado. Nosotros comimos en el restaurante Sato, comida tradicional, pedí carne con arroz, la carne parecía picada con hojilla. Era una telita muy delgada, parecía jamón. Muy rica, pero insuficiente. Rematamos con un pincho de pollo, que realmente era piel de pollo, rica, pero sin carne. Y un par de salchicas.

    Me ha sorprendido la poca cantidad de carne que se come acá. Para comerla es realmente caro. Nos alimentamos -creo- igual que un japonés promedio: cerdo, pescado, arroz y algas.

    Ya estaba super mega hiper cansado y todavía era poco mas de mediodía… habíamos acordado ir al bosque de bambúes, así que partimos en contra de mi voluntad. Por suerte fuí, llegamos cerca del atardecer, y luego del bosque caminamos hacia el rio Katzura al lado del pueblo de Arashiyama. Es un paisaje idílico, extremadamente romántico, el pueblo es precioso, nos tomamos un chocolate caliente, compramos algunos dulces de matcha típicos de Kioto y caminamos hacia la estación del tranvía de Arashiyama para ver el bosque de kimonos, un pasillo con pequeñas columnas luminosas precioso. Tomamos el tranvía de regreso a la ciudad y de allí un tren al hotel.

    Juré no caminar mas al día siguiente.