Día 6 – Isla de Miyajima

Miércoles, 17 de Diciembre

Salimos temprano en la mañana desde el hotel ubicado al lado del parque de La Paz hacia la isla de Miyajima, donde esta el famoso gran Tori (arco rojo). Había leído que era uno de los templos mas bonitos de Japón, así que tenía muchas expectativas. La verdad mi expectativas fueron superadas y por mucho.

Nos tomó un par de horas ubicarnos y tomar el bus, el tren y luego el barco público de la línea de trenes de la JR (Japan Railways).

A los pocos minutos de tomar el barco ya se veía el Tori sobre el mar. Al llegar a la costa de la isla nos recibieron algunos venados que parecen gatos, están super acostumbrados a las personas y uno de ellos incluso estaba parado al frente de una tienda de comida esperando que abrieran.

Caminamos cerca de la orilla de la playa hasta el Tori. El paseo es precioso. Las columnas con leones de piedra protegiendo el camino, la arena clara, la brisa marina con olor a sal y pescado, arboles contorneándose entre las columnas, la vista al impresionante arco rojo. Comenzamos a divisar el templo. Aún no habíamos entrado y ya estaba completamente enamorado de ese lugar.

Ingresamos al templo de Itsukushima, dedicado al dios de los mares y sus tres hijas. El gran tori esta en el mar porque toda la isla de Miyajima es considerada un lugar sagrado.

La estructura del templo es un laberinto de pasillos rojos de madera sobre casas que parecían palafitos sobre el mar, pero en vez de indios estaban llenas de monjes tocando taikos (tambores japoneses), cantando, rezando, postrándose, trabajando, haciendo reverencias, hogueras. Un templo realmente vivo.

Presentamos nuestros respetos lo mejor que pudimos, fuimos a que nos sellaran los libros de goshuins. Incluso los chicos que no son religiosos, ni de visitar templos, parecían estar disfrutando el lugar. Mi esposita decía que no solo era el templo mas bonito que había visitado, sino que simplemente era el lugar mas lindo que había visto en su vida.

Salimos del templo principal, subimos unas escaleras hacia una pequeña pagoda en la montaña y seguimos caminando entre arboles que todavía tenían tonos otoñales, hasta que llegamos hacia el templo vecino llamado Daisho-in.

A diferencia del santuario de Itsukichima, que es sintoista, el Daisho-in es budista. Incluye un montón de deidades y maestros. Reconocí a la diosa Kanon, la version japonesa de Avalokiteshvara (diosa de la compasion). Hay una seccion dedicada al Tibet (un mandala y un altar al Dalai Lama), y muchos otros budas y deidades.

Nos firmaron los libros de sellos y al terminar mi esposa me estaba esperando para mostrarme una especie de entrada a un sótano del templo, con unas escaleras que conducían a un pasillo oscuro, ingresamos con Javier, nuestro hijo menor, y la oscuridad era absoluta en un pasillo donde cabías de pie, pero tenias que ir tanteando con las manos para no tropezar las paredes. A lo largo del camino, con varias curvas, se observaban figuras de budas pintadas en vidrios cuadrados iluminados con una luz tenue. No entendíamos el significado de los budas, pero la sensación era muy clara, estabamos pasando por un bardo, el paso de la muerte. Javier se asustó y Sonia alucinó un monton de experiencias. Al final, luego de pocos minutos, salimos del otro lado del templo. Fue una experiencia mágica.

Luego descendimos de nuevo hacia la costa por unas escaleras que tenian rodillos de oración para hacer buenos deseos… Aron los bajó con la actitud de todos, pasándoles la mano para hacerlos girar, mientras repetía como un mantra: “plata, plata, plata, plata…” Al menos entendió muy bien en que consisten los buenos deseos 😂

Los templos de Miyajima realmente son una especie de Disneylandia del Budismo. Creo que cualquier persona lo puede disfrutar sea religioso o no.

Luego fuimos a comer Ramen de cerdo acompañado de arroz y anguila en un restaurante cerca de los templos y seguimos caminado hacia la estación del ferry tomando tecitos y comiendo dulces. De postre me comi un pan con crema dulce de caraotas y margarina, muy grasoso y calórico. Bueno para el frío y aumentar la panza.

Regresamos al hotel, recogimos las maletas, nos fuimos a la estación de Hiroshima a tomar el tren bala a Osaka y nos despedimos, ojalá hasta pronto, de esta hermosa ciudad.

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