Domingo 21 de Diciembre
En teoría este día iba a ser “tranqui”… salí en la mañana con Sonia hacia el castillo dorado (Kinkakuyi), es un hermoso palacio Zen construido como lugar de descanso para un shogun en 1397. Las dos plantas superiores están cubiertas de oro (literalmente).
Llegamos muy temprano, como a las 8 y el castillo abría a las 9. Estuvimos caminando el pueblo, pero no conseguimos nada abierto. Sólo un Mc Donalds en el que nos metimos a tomar café y comer algunos dulces (bastante espantoso todo la verdad debo decir… no sé como hace Mc Donalds para ser tan horroroso en todo el mundo).
A las 9 ya estábamos en el castillo, ayudamos a dos mexicanos que estaban todos perdidos sin yenes, les cambiamos 20$ en yenes. Hicimos las reverencias, tomamos fotos, firmamos los goshuins y en un tiempo que se me hizo super corto ya estábamos fuera del castillo.
Estaba lloviendo un poco, con frío, así que nos tomamos un matcha caliente con mochi de matcha y frijoles y caminamos hacia el templo de Daitokuji buscando un jardín zen.
Al llegar al templo, hicimos las reverencias, firmamos el libro de sellos y empezamos a buscar el jardín zen que había visto en fotos… no estaba allí, la chica de la tienda de goshuins me indicó que era hacia otro camino, seguimos el camino y terminamos metidos en una especia de urbanización zen, donde todas las estructuras tenían formas de templos tradicionales con enormes jardínes… una de esas tantas casas era la que tenía el jardín zen que estaba buscando (el Daitoku-ji Zuiho-in). Entramos, pagamos unos 400 yenes de entrada… era una casa sencilla, pequeña pero con un hermoso jardín que la rodeaba. Tomé varias fotos mientras Sonia meditaba en el jardín.
Los chicos se habían quedado en el hotel, así que regresamos, fuimos a comer por separado. Nosotros comimos en el restaurante Sato, comida tradicional, pedí carne con arroz, la carne parecía picada con hojilla. Era una telita muy delgada, parecía jamón. Muy rica, pero insuficiente. Rematamos con un pincho de pollo, que realmente era piel de pollo, rica, pero sin carne. Y un par de salchicas.
Me ha sorprendido la poca cantidad de carne que se come acá. Para comerla es realmente caro. Nos alimentamos -creo- igual que un japonés promedio: cerdo, pescado, arroz y algas.
Ya estaba super mega hiper cansado y todavía era poco mas de mediodía… habíamos acordado ir al bosque de bambúes, así que partimos en contra de mi voluntad. Por suerte fuí, llegamos cerca del atardecer, y luego del bosque caminamos hacia el rio Katzura al lado del pueblo de Arashiyama. Es un paisaje idílico, extremadamente romántico, el pueblo es precioso, nos tomamos un chocolate caliente, compramos algunos dulces de matcha típicos de Kioto y caminamos hacia la estación del tranvía de Arashiyama para ver el bosque de kimonos, un pasillo con pequeñas columnas luminosas precioso. Tomamos el tranvía de regreso a la ciudad y de allí un tren al hotel.
Juré no caminar mas al día siguiente.













































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