Dia 17 – Adios Tokio

Domingo 28 de Diciembre

Era nuestro último día en Tokio, así que decidimos hacer maletas, y en la tarde salir hacia el barrio bohemio de Koenji . Un barrio donde la mayoría de los residentes son artistas o músicos, con una onda muy underground. De camino decidimos parar “un momentico” en Nakano, para ir a Nakano Broadway, el paraíso de los frikis y nerds. Un centro comercial lleno de figuritas, y productos de la cultura underground retro.

Tardamos un par de horas recorriendo el pasillo que va hacia el centro comercial, nos detuvimos en varias tiendas, las chicas a comprar ropa, Aron a ver tiendas “raras”, Javier a ver zapatos, yo a comer algunos dulces. Luego de un rato ya teníamos hambre y Aron y Susan querían invitarme a comer carne Wagyu, así que entramos a un restaurante donde servían platos de esta carne con una parrillera pequeña en cada mesa para cocinarla al gusto. Fué un éxito absoluto, aunque las porciones eran pequeñas, no es como las parrillas de latinoamérica en cuanto a cantidad, pero la calidad de la carne era muy buena. Acompañado de arroz y una sopa miso con algas. Uno de los mejores almuerzos del viaje.

Finalmente llegamos a Nakano Broadway y allí la verdad todos nos volvimos locos comprando pendejadas, incluso yo compré una figurita de Ghost in the Shell y estuve tentado a gastarme 100$ en una figura de Motoko Kusanagi (la coronel), pero me contuve y no cometí esa barbaridad.

De regreso estuvimos unos 20 minutos en un cat-café, alimentando gatitos. Me llamó mucho la atención unos gatos-salchicha, gatos de tamaño normal, pero con patitas pequeñas… muy curiosos.

Luego en la noche llegamos a Koenji, que se suponía que era nuestro objetivo. No teníamos claro donde ir, así que dejemos que Sonia y Susan nos llevaran “como fluyera” hacia algún lado… terminamos en una tienda hindú viendo vestidos, así que decidí retomar el control y vi en Google varios sitios y bares de música, pero cobraban unos 4 o 5 mil yenes por persona, nos pareció muy caro, asi que seguimos hacia un bar llamado “Bar Rock Heaven”… tocamos la puerta, pero al parecer estaba cerrado, de repente alguien abrió la puerta y entramos.

Era un bar diminuto, cabían si acaso unas 10 personas, todo forrado de afiches de rock y metal ochentero (maiden, judas, motorhead, led zeppelin, y demás). Además en las paredes estaba toda la colección privada de DVDs y CDs del dueño, un señor japonés de mi edad o quizás mas calculo yo. Nos sentíamos como en la casa de un tío, o el bar Irapa en Santa Mónica, con un pana japonés poniendo música. En la TV se veía la gira de Powerslave de Maiden… mejor soundtrack imposible.

Bebimos Shoshu, vodka, nos comimos unas tapas y hablamos con el dueño entre señas, inglés machucado y traductores en el teléfono. El man nos preguntaba como habíamos sabido de Koenji, le dije “Youtube”, le pregunté cuál era su banda japonesa favorita, nos pudo “One Ok Rock”, una banda muy enérgica, rockera-popera simpática, luego Sonia le comentó de “Maximum The Hormone” y el man cambió el CD por uno de Maximum…

Fue un momento muy especial, muy íntimo y demasiado acogedor. Salimos enamorados de Koenji y creo que no pudimos tener una mejor despedida de Tokio.

Al salir de allí fuimos a comer sushi en un restaurante cercano y de vuelta a Sugamo a descansar para salir al día siguiente a Costa Rica.

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