Viernes 26 de Diciembre
En la mañana fuimos a hacer las últimas compras de regalos, y a mediodía nos reunimos Sonia, Javier y yo para ir a comer algo y pasear en Shinjuku.
Almorzamos en lo que para mi es el mejor ramen de Tokio: Ebisoba Ichigen. Un ramen de caldo de camarón con carne de cerdo. Luego fuimos caminando por el parque de Shinjuku, hacia la Torre Metropolitana de Tokio, para subir al piso 45 y tener una vista de la ciudad. Tuvimos la suerte de que el clima estaba despejado y pudimos ver a lo lejos el Fuji en el atardecer. Al salir de la torre ya era de noche y nos quedamos para ver el show de luces programado a las 5:30 de la tarde. Es un espectáculo increíble ver como la gobernación de Tokio tiene el oxígeno suficiente para ofrecer este tipo de shows gratuitos durante todo el año.
Al salir caminamos de nuevo hacia la estación de Shinjuku, y pudimos ver uno de los shows de luces callejeros del proyecto de Tokyo Night & Light. Un montaje interactivo a lo largo del camino. Nos desviamos un poco para ver de nuevo el boulevard de Shinjuku, cerca del gato 3D para ver la ciudad de noche, un escenario totalmente diferente.
De regreso nos paramos de nuevo en Harajuku para ir a un capibara café. Llegamos a uno, pero nos pareció muy pequeño, solo con dos pequeñísimas piscinas para dos capibaras en un salón diminuto, así que seguimos buscando otras opciones. Al final vimos un animal café, más amplio y cómodo con varios tipos de animales: buhos, pájaros, serpientes, conejos… allí nos quedamos un par de horas con café y té “all you can drink” y alimentando a los bichillos. Me gustó mucho la pitón, Javier se entretuvo con los pájaros y Sonia con el búho y alimentando pollitos.
Al salir de allí, ya estábamos suficientemente cansados y de mi lados ya un poco saturado de arroz y pescado, así que fuimos a comer en Mc Donalds… claudiqué ante el poder de la grasa del tío Sam.





























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