Martes 23 de Diciembre
Por suerte Javier amaneció un poco mejor, aunque no al 100%. Hoy tocaba ir a teamLabs Planets en Odaiba. Salimos en metro y tren hacia Toyosu, uno de los distritos de las islas artificiales del complejo de Odaiba al frente de la bahía de Tokio.
Llegamos, comimos algo de lo que habíamos comprado en el combini. Ingresamos a eso de las 2 de la tarde, era 3 exhibiciones principales: Agua, Jardín y Bosque.
Entramos primero a la de agua, dejamos los bolsos y los zapatos en unos lockers. Ingresamos con los pantalones arremangados y empezamos a subir a través de un pequeño río de agua con mucho cloro… después ingresamos a un salon con unos cojines gigantes donde hundías todos los pies. No nos pareció nada artístico, era todo medio WTF. Creemos que era un lavapies inicial.
Después ingresamos a un salón de columnas de luces infinitas y luego a una especie de piscina donde el agua te llegaba casi a las rodillas, tenía aspecto lechoso y estaban reflejados cientos de kois de luces, ahora si empezaba a ponerse bueno el asunto. Terminamos la sección de agua en un salón de bolas gigantes. Susan se nos perdió… al rato nos conseguimos con ella afuera.
Nos pusimos los zapatos y fuimos al jardín, que literalmente era un jardín con miles de orquídeas de verdad flotando y moviéndose con una maquinaria desde el techo formando una especie de laberinto cambiante. El aroma y la vista infinita de flores con espejos era muy agradable.
Al final terminamos en el bosque donde instalabas una app y podías interactuar con un bosque 3D de animales extintos proyectado en paredes y pisos. Podías capturalos, ver su información y luego liberarlos. Después entramos a varias secciones interactivas de brincos de lagos de luces, bolas y escaleras colgantes.
Después de un par de horas salimos, Javier mas recuperado terminó de comer algo y fuimos en el tren aéreo hacia la isla de Odaiba como tal.
Hicimos un cambio de tren enfrente del reloj de Miyazaki, hicimos una breve parada y seguimos hacia Odaiba.
Llegamos a la estatua de la libertad. Caminamos hacia la playa, pero después, por el frío, nos metimos en uno de los centros comerciales y caminamos luego por el boulevard hacia el Gundam gigante. Entramos al tercer centro comercial y comimos algo. Estuve tentado a comerme una hamburguesa en Carl’s Junior, ya me estoy saturando de arroz y pescado, pero una franquicia de Ramen me salvó de cometer esa atrocidad.
Hicimos una breve reunión todo el grupo para decidir lo que íbamos a hacer en la última semana en Tokio, cada uno puso sus “Must-see” y acordamos una planificación preliminar: Fuji, Cat cafés, compras, street-carts, y demás…
Salimos caminando por Odaiba de noche, ya Javi me estaba chalequeando por las Idols, lo cual era síntoma de que se sentía mejor. Tomamos de nuevo el tren aéreo y fuimos hacia la torre de Tokio, que ese día estaba iluminada como un árbol de navidad. Llegamos hasta la pata de la torre, tomamos algunas fotos y regresamos al hotel.
En Japón, aunque no celebran la navidad – es un día laboral cualquiera – se nota el espíritu navideño, en todas las tiendas escuchas cancioncitas de navidad (gingle bells en todas partes), arbolitos de navidad y luces en todos lados… Yo no soy muy navideñero, pero aquí es quizás un poco más sútil y no me despierta tanto el Grinch que hay dentro de mi.
Feliz Navidad!
メリークリスマス
Merikurisumasu!







































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