Viernes 19 de Diciembre
Nos dividimos en la mañana… Aron y Susan fueron de paseo por Osaka a ver tiendas. Javier, Sonia y yo nos fuimos a recorrer un par de templos.

El primero era un templo sintoista dedicado a Okuninushi. El dios de las tierras, lo curioso de este templo era que estaba custodiado por ratones, y no por leones ni zorros. La mitología cuenta que los ratones ayudaron al dios a salvarse de una prueba de fuego que le puso su suegro en un campo incendiado. Okuninushi estaba rodeado de fuego, y los ratones le dijeron: abajo es angosto, arriba es ancho. Entonces abrió un hueco en la tierra y espero a salvo que el fuego se consumiera. Por eso los ratones custodian su templo. Hicimos las reverencias, firmamos los libros de sellos y seguimos hacia otro templo aleatorio que busqué en Google.


Era un templo budista dedicado a una manifestación del Buda de la Compasión: Cundi Kannon. Conocida como la madre de todos los Budas. Los goshuins de este templo eran muy bonitos, compré uno firmado a mano y otro de dos páginas estilo estampilla.
Luego quedamos en vernos con Aron debajo del famoso aviso publicitario de Glico en Osaka (el corredor). Javi se fué con Aron y Susan a comer hamburguesas. Nosotros fuimos a comer Takoyakis y una cerveza, y luego un ramen de cerdo.
La verdad hasta este punto no he tenido demasiada suerte con los ramen, han sido buenos, ricos, pero no de los mejores que he probado. Quizás es porque me estoy concentrando en cantidad y bajo precio, más que en calidad.
Sin embargo los Takoyakis a la orilla del rio de Osaka, con una buena cerveza fría en compañía de mi esposita salvaron el almuerzo.
Luego nos reencontramos todo el grupo, tomamos el tren regular de la linea de JR hasta Kioto y llegamos luego de tomar un par de trenes en aproximadamente una hora. Muertos… a dormir, porque al día siguiente nos espera la caminata hacia la montaña y el templo de los mil toris.
Este viaje a diferencia de otros no hemos estado todos amuñuñados siempre unos encima de otros, hemos estado en habitaciones separadas, a veces tomamos caminos diferentes, a veces todos, a veces 3 y 2, Javier se turna entre su hermano y nosotros, y creo que esa dinámica ha funcionado mejor para que cada uno tenga, un poco, su propio espacio.


































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